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jueves, 1 de octubre de 2015

Diversas interpretaciones para el mismo hecho




    La perspectiva histórica pudo arrojar algo de luz sobre tanta oscuridad que hubo ese verano. Los veintiséis años que transcurrieron permiten vislumbrar los excesos cometidos por los tres poderes del Estado y las fuerzas de seguridad. Hubo un mensaje aleccionador delineado con balas bombas y sangre que ahí se sepultaban los `70. Y por si no quedaba claro la Justicia lo rubricó al otorgar las mismas las mismas penas. Tal es así que dos de los líderes del movimiento, Roberto Felicetti y Claudia Acosta, fueron condenados a reclusión por tiempo indeterminado y el resto de los que entraron al cuartel, a 25 años. El fraile Antonio Puigjané, que no estuvo en el regimiento ni en sus inmediaciones, recibió 20 años de pena por ser considerado parte de la “asociación ilícita” que decidió el asalto. Los que estuvieron fuera del cuartel recibieron penas de entre 10 y 15 años. A Felicetti y Acosta les aplicaron entonces la misma condena que a los genocidas Jorge Rafael Videla y Eduardo Massera en el juicio a las Juntas, mientras que a Puigjané –cuya participación, a criterio de muchos, no fue probada- se le aplicó una pena superior a la del genocida Orlando Agosti, tercer miembro de la Junta militar.
    Y esa cruenta lección fue vista y transmitida en directo por las incipientes cadenas de noticias locales, fotografiada por muchos reporteros gráficos y el público que se acercó al lugar. Y para que nadie se perdiera nada, los militares se encargaron de acercar los cuerpos de los atacantes muertos en el tiroteo o torturados y  fusilados hasta el alambrado perimetral para luego prenderlos fuego.
    Ese grupo suicida y sectario que llegó fuera de tiempo a desequilibrar la paz y el orden democrático pagó muy alta las consecuencias de sus actos y fue servil a las altas esferas del poder. Si bien hoy se encuentran amnistiados desde mayo del 2003 el saldo de su aventura a destiempo fue muy alto.
    A saber, La Tablada dejó 13 sobrevivientes de los 46 que derribaron la puerta el 23 de enero del 1989. Los militares y policías abatidos fueron 11. Hubo siete personas que fueron detenidas fuera del regimiento y condenadas como participes. Además se condenó  a dos integrantes prófugos que no habían entrado a los cuarteles. Y aún hay cuatro atacantes desaparecidos.
       Pero en la opinión pública no había lugar para desaparecidos en democracia. La Justicia  argentina debía ser veloz y ejemplificadora. Tal es así que cinco meses después del asalto al cuartel de La Tablada, el 20 de junio de 1989, los veinte acusados por el ataque fueron llevados a juicio oral y público. Allí sólo se juzgó la responsabilidad de los asaltantes, del grupo de apoyo externo y de la conducción del Movimiento Todos por la Patria (MTP). Las denuncias por torturas, desapariciones y fusilamientos  que hicieron los guerrilleros no fueron tenidas en cuenta, es por eso que el juez de instrucción Gerardo Larrambebere consideró que no había pruebas suficientes.
   


    Además de las torturas las vejaciones comprobadas por los informes médicos oficiales, los militantes del MTP fueron juzgados por la Ley de Defensa de la Democracia, que no admitía la revisión del proceso. Es por eso que la investigación cesó y se consolidó la impunidad sobre las desapariciones en democracia de Francisco Provenzano, Carlos Samojedny, José Díaz e Iván Ruiz.






El periodista del canal TN y el diario Clarín, en aquellos tiempos de Página 12, Ernesto Tenembaun cubrió juicio a los detenidos por Tablada.  





















Además del juicio del ´89, hubo dos condenados posteriores:
Enrique Haroldo Gorriarán Merlo que no entró al regimiento fue secuestrado en México en 1995 y enjuiciado en 1997. Se lo condenó a prisión perpetua. Fue Indultado en mayo de 2003.

Ana María Sívori que no entró al regimiento fue detenida en Rosario en 1994 y enjuiciada junto con su esposo Gorriarán Merlo en 1997. Fue condenada a 18 años de prisión y también  Indultada en 2003.

Los delitos que se le imputaron fueron rebelión, asociación ilícita calificada, homicidios reiterados, lesiones graves, usurpación, privación ilegítima calificada y robo agravado.













Quién era Enrique Haroldo Gorriarán Merlo
Participó de la fundación del PRT y en 1970 fue delegado en el congreso fundador del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).
En ese congreso se lo designó como uno de los jefes militares y a Mario Roberto Santucho como Secretario General.

En agosto de 1972 logró fugar del penal de Rawson donde militantes peronistas y de izquierda estaban presos. La recaptura de muchos y su posterior fusilamiento se conoció como la Masacre de Trelew.
A fines de 1976 se fue a Nicaragua a sumarse a la guerrilla sandinista. Luego del triunfo de la revolución, organizó la inteligencia y el departamento de seguridad del Estado.
Lideró el grupo que asesinó al dictador nicaragüense exiliado en Asunción del Paraguay, Anastasio Somoza, el 17 de septiembre de 1980.






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